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terça-feira, abril 05, 2011

El gran negocio de Libia(castellano)

Pasó de paria a amigo de Occidente y acumulaba muestras públicas de amistad de los más variados mandatarios, desde Silvio Berlusconi hasta Tony Blair, pasando por José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y el rey Juan Carlos. Pero incluso durante esta luna de miel, Muamar Gadafi ponía los pelos de punta a los diplomáticos de EEUU en Trípoli, según revelan decenas de cables secretos de la embajada filtrados por Wikileaks, que muestran una auténtica obsesión por los pozos de petróleo y por las dificultades que bajo su régimen encontraban las empresas occidentales para operar en el país.

"En Libia, el negocio es la política y Gadafi controla ambos", sostenía un informe confidencial de febrero de 2009. Los cables de los diplomáticos de EEUU lamentan reiteradamente las interferencias de la familia Gadafi, que controlaba los sectores económicos más lucrativos. Pero el asunto estrella de los documentos filtrados, que generó ríos de tinta muy superiores a la preocupación por los derechos humanos, es el endurecimiento de las condiciones de la docena de compañías petroleras occidentales que operan en el país, lo que provoca un gran malestar en la embajada.

Libia es el primer país africano en reservas de petróleo, con 46.000 millones de barriles estimados, el doble que EEUU. En 2010, alcanzó los 1,8 millones por día, procedentes en un 80% de la zona de Sirte y cuya venta supuso el 95% de los ingresos del Estado. Los principales clientes son Italia (28%), Francia (15%), China (11%), Alemania (10%) y España (10%).

Crudo fácil de extraer

El petróleo libio no sólo es abundante, sino de gran calidad y fácil de extraer, lo que lo hace especialmente rentable: en algunas zonas, el coste de extracción es de apenas un dólar el barril. Cuando entre 2003 y 2004, Naciones Unidas y EEUU levantaron las sanciones, tras la renuncia del régimen a la producción de armas de destrucción masiva, las grandes petroleras occidentales volvieron masivamente al país.

Las compañías internacionales que dominan el mercado libio son Eni, Repsol YPF y el consorcio estadounidense Oasis, que integra en Libia a CoconoPhillips, Marathon Oil y Ameranda Hess. Pero está también sólidamente instalada PetroCanadá, TNK y Gaz-prom (Rusia), Total (Francia), Saga Petroleum (Noruega), Wintershall y RWE (Alemania), OMV (Austria), BP (Reino Unido), Occidental, Halliburton, Exxon (EEUU) Chevron se marchó en 2010 porque sus exploraciones no daban resultados, Woodside (Australia) y Japan Exploration Company, entre otros.

Indignación

La Embajada de EEUU siguió con lupa las condiciones del sector y reflejó su creciente indignación en los cables que enviaba a Washington. A partir de 2006, el régimen libio inició una ronda de contactos con las multinacionales para extender las licencias y endurecer sus condiciones exigía ampliar la cuota de beneficios que corresponde al Estado y el pago de un bonus millonario adicional, entre otras novedades, pese a que los contratos se habían firmado hacía apenas tres años y que faltaba mucho para que expiraran, lo que provocó gran malestar a la Embajada. Y cuando la mayoría de petroleras aceptaban y firmaban, los funcionarios estadounidenses no ocultaban su indignación.

La alarma se enciende para EEUU a finales de 2007, cuando Eni aceptó las nuevas condiciones y firmó: "Pese a que Eni lo vende como un éxito, el acuerdo conlleva aspectos negativos y puede facilitar el camino para que se impongan exigencias similares a otras concesionarias de petróleo y gas extranjeros", lamenta un cable del 26 de octubre. Y añade: "El resultado es que Libia se queda con una parte mayor del petróleo producido y en las cuentas de Eni constarán menos reservas".

En cables posteriores, los diplomáticos de EEUU ahondan su preocupación: "Ejecutivos de empresas occidentales han mostrado reservas muy serias. Un ejecutivo dice que el acuerdo asusta y hay una preocupación generalizada de que ahora buscarán acuerdos similares con el resto". Y más: "La creciente avaricia de la NOC [empresa pública petrolera de Libia] puede hacer disminuir el interés de los principales operadores en Libia."

Las petroleras van firmando las nuevas condiciones, pero ello no aplaca el malestar de la Embajada de EEUU, que en noviembre de 2007 redacta otro informe: "Libia es un lugar excepcionalmente difícil para las petroleras internacionales, que tienen que afrontar numerosos y bizantinos problemas y sus márgenes de beneficios son comparativamente menores. La situación empeorará en los próximos años porque el Gobierno busca concesiones adicionales para maximizar los beneficios".

Cuando en junio de 2008 PetroCanadá firma un nuevo contrato que según la embajada de EEUU supone un espaldarazo a "los esfuerzos libios para imponer términos más duros a las petroleras extranjeras", los diplomáticos de EEUU muestran ya resignación: "Ante los altos precios del petróleo y las limitadas posibilidades para nuevas exploraciones y producción, las petroleras tragan y firman".

La única alegría se la da Chevron, que en julio de ese año explica su intención de dejar el país porque no encuentra yacimientos en la zona asignada. El funcionario lo registra así: "Son pesimistas ante las perspectivas negativas de encontrar algo. Además, son contrarios a esta mentalidad de subasta [del Gobierno libio] y reticentes a acceder a los términos draconianos que exige la NOC".

En enero de 2009, la Embajada apunta directamente al jefe del NOC, Shukri Ghanem, y monta varias reuniones con ejecutivos del sector que lo critican. Según los informes de la Embajada, entre los ejecutivos occidentales hay un "extendido malestar" contra él por su "falta de experiencia técnica" y por su "reticencia a reunirse con los ejecutivos de las petroleras extranjeras".

"Su enfoque y estilo han alienado a las petroleras extranjeras y daña la cooperación potencial. Otros ejecutivos nos cuentan que en determinados aspectos es un regreso al estilo de la década de 1970, cuando se veía a las compañías extranjeras desde una lente nacionalista que las consideraba entidades depredadoras", añade el informe. Y concluye: "El 95% de la economía depende del petróleo. El hecho de que el NOC esté en manos de un individuo autócrata mal visto por sus subordinados y por los profesionales internacionales del petróleo no augura nada bueno en el objetivo libio de incrementar la producción de 1,7 barriles por día a los 3 millones".

Poco después, el Gobierno libio convocó a las petroleras para pedirles que contribuyeran a un fondo "voluntario" que le permitiría compensar las indemnizaciones por acciones terroristas del pasado. "Hay malestar. Se les dice que tendrán mejor trato si hacen contribuciones "voluntarias". Tras la reunión, los mánagers se muestran firmes en no pagar, pero hay el rumor de que Gazprom y pequeñas firmas ya han contribuido".

Ola de privatizaciones

Este malestar se extiende a todos los nichos de negocio que van apareciendo al son de la ola privatizadora emprendida por el régimen. Los cables de la Embajada tratan sistemáticamente de enfriar el interés de las empresas de EEUU que quieren invertir en Libia.

Cuando el gigante Bechtel renuncia a construir un puerto comercial en Sirte que tenía apalabrado, la embajada lo eleva a categoría: "El fracaso de Bechtel muestra cómo se toman las decisiones ante las inversiones extranjeras importantes. Tras un año de esfuerzo y pese al desembolso de un millón de dólares, a numerosas visitas de alto nivel y a supuestos compromisos formales del Gobierno, ha sido imposible. El hecho de que un operador con los conocimientos y la potencia económica de Bechtel no lo logre debería servir como lección para la gran cantidad de empresas occidentales que quieren entrar en el floreciente mercado libio."

La Embajada también enfría el entusiasmo levantado por el ambicioso plan de privatizaciones puesto en marcha por Gadafi. En un cable de noviembre de 2009, advierte de que el Gobierno libio exige que los nuevos propietarios privados mantengan los puestos de trabajo: "Esto a menudo hace que sea poco atractivo para un inversor extranjero, en la medida en que la productividad de las empresas públicas libias es infame y tienen exceso de personal como consecuencia de las generosas leyes laborales libias".

Por los cables desfilan todo tipo de negocios, algunos patrocinados o bendecidos por gobiernos: manejos de Italia para que la empresa Sipsa gane un contrato para destruir químicos, el intento infructuoso de la empresa británica York Guns de colocar 130.000 rifles automáticos que los diplomáticos sospechan que acabarán en Chad o Sudán, operación vetada por el Gobierno británico que acabará asumiendo sin problema la rumana NFI, la mediación de un diplomático español en nombre de Espidesa (Técnicas Reunidas), que buscaba el visto bueno de EEUU para construir una fábrica de ácido nítrico, o las sugerencias de Tony Blair para que Libia invierta en Sierra Leona y Ruanda, países que el ex primer ministro británico dice que son prioritarios para su organización caritativa.

Los diplomáticos de EEUU describen también la tirantez entre las autoridades libias y francesas: subrayan la feroz oposición de Gadafi al proyecto de Unión Euromediteránea y los comentarios "sarcásticos" del mandatario libio sobre Sarkozy. Y, en sentido inverso, auguran un acercamiento a España tras la visita del rey a Trípoli, en 2009: "Entendiendo que en Libia el negocio es la política y que Gadafi controla ambos, España probablemente se beneficiará de la cálida relación entre Gadafi y el rey".

Aznar abrió el camino en 2003

José María Aznar fue uno de los dirigentes clave que facilitó la reinserción internacional del régimen de Muamar Gadafi y la expansión de empresas occidentales en Libia. En septiembre de 2003, el entonces presidente del Gobierno español fue el primer mandatario occidental en entrevistarse con Gadafi en Trípoli tras el levantamiento de las sanciones.

Pacto nuclear con Francia, Rusia y Estados Unidos

Gadafi buscó acuerdos simultáneos con Francia, EEUU y Rusia para iniciar un programa nuclear civil. Todos mostraron predisposición, pero ninguno pasó de las buenas palabras. El primer paso se dio durante la visita de Nicolas Sarkozy a Trípoli en julio de 2007, cuando ambos países suscribieron un memorando para cooperar en "las aplicaciones pacíficas de la energía nuclear".

La Embajada de EEUU consideró el pacto como "vago programa de cooperación que no compromete a nada". En abril de 2008, durante una visita de Vladímir Putin y "ante la insistencia libia" -subraya un cable filtrado-, Trípoli firmó otro memorando de cooperación nuclear igualmente vago. Y, en mayo de 2008, la Embajada da cuenta de que un alto cargo sondeó a EEUU con el mismo fin y tampoco en esta vía hubo avances.

Fuente:Â http://www.publico.es/internacional/369371/el-gran-negocio-de-libia

terça-feira, março 08, 2011

LIBIA Y LA IZQUIERDA: PRINCIPIOS E INCERTIDUMBRE

Written by Santiago Alba Rico y Alma Allende

1. Las teorías de la conspiración son convincentes porque siempre tienen un asidero en la realidad: las conspiraciones existen. La CIA, la OTAN, el Pentágono, la UE están conspirando ininterrumpidamente para asegurar sus intereses en todas las regiones del planeta. También conspira Rusia y China y Turquía y Paquistán y la India. También Cuba y Venezuela. Todo el mundo conspira porque la conspiración es uno de los instrumentos indisociables de la relación entre los Estados-Nación en un marco de luchas imperialistas, antimperialistas e interimperialistas.

2. Nadie puede poner en duda, pues, que el imperialismo está conspirando en estos mismos momentos contra todos los movimientos populares y contra los que los representan. Las conspiraciones imperialistas conspiran también con el propósito de volver paranoicos a los revolucionarios; es decir, para que acaben completamente absorbidos en la idea no revolucionaria de la omnipotencia del enemigo. La diferencia entre una teoría de la conspiración y una teoría de la revolución es que ésta considera justamente que si el imperialismo conspira es porque no controla todas las fuerzas y que eso que llamamos “pueblo” mantiene siempre su potencia “residual” respecto de todas las conspiraciones. Ese “residuo”, incluso como conciencia deformada o imprecisa, tiene que ver con la realidad misma: la pobreza, el dolor, la frustración, la represión. Mohamed Bouazizi no se quemó en Sidi Bouzid el 17 de diciembre de 2010 manipulado por la CIA sino humillado por un aliado suyo. Las teorías de la conspiración son hegelianas: el curso del imperialismo coincide con el de la realidad. Las revolucionarias son más bien leibnizianas: el imperialismo tiene que poner constantemente en hora el reloj del mundo. Al paranoico se le podría decir: “tienes toda la razón; el imperialismo lo manipula y controla todo; la prueba eres tú”.

3. Los EEUU, la UE, la OTAN hubieran preferido que no hubiese ocurrido nada de cuanto ha ocurrido en el mundo árabe. Así lo demuestran las primeras declaraciones de sostén a los dictadores amigos y sus maniobras para aplazar su caída. También en Libia hubiesen preferido mantener el estatus quo, aunque sólo fuese por no comprometer a Italia como potencia ex-colonial: al contrario de lo que pretenden algunos analistas de memoria corta, basta consultar las hemerotecas para confirmar que primero hubo silencio, luego declaraciones ambiguas, después condenas tibias y por fin escándalo moral. Las potencias neocoloniales conspiraron para que no cambiaran las cosas y, cuando no han podido evitar los derrocamientos, conspiran para tratar de utilizar los cambios en su favor. Les hubiera resultado más difícil, también en Libia, si desde el principio todas las fuerzas de izquierda hubieran hecho una declaración conjunta a favor de las revoluciones y los pueblos árabes y de su anhelo anticolonial de democracia y libertad. Los que no lo hacen así no sólo se distancian sideralmente del pulso de la calle en esta zona del mundo sino que permiten que los mismos que disparan contra la multitud en Iraq, bombardean Pakistán y Afganistán y colaboran en la aniquilación de Palestina, se presenten de nuevo -la hipocresía funciona siempre cuando se tienen medios de comunicación y de destrucción suficientes- como paladines de los DDHH y la democracia.

4. Por supuesto la OTAN quiere meter su zarpa en Libia ahora que la revuelta está en marcha y deriva hacia la guerra civil. Gadafi, al contrario que los otros canallas derrocados, no es fiable; es caprichoso, inestable, no se deja manejar y, ya seriamente amenazado y en cualquier caso descartado como interlocutor, habrá que aprovechar la ocasión para meter una cuña militar entre Túnez y Egipto, dos países de alto riesgo, y controlar directamente los recursos petrolíferos. La opinión general entre la izquierda y la población del mundo árabe es la de que no habrá invasión: estamos hablando de una de las zonas más anti-imperialistas del mundo en la que Palestina e Iraq están siempre presentes como prueba de la hipocresía criminal de las potencias occidentales. Si EEUU quiere “democratizar” el Medio Oriente y el Magreb a su manera, sería una gran estupidez correr ese riesgo. La retórica y las sanciones, junto a la división en el campo anti-imperialista, introducen ya un efecto suficientemente favorable a sus intereses. Sin descartar ninguna posibilidad, no parece, sin embargo, que de momento les convenga aspirar a más.

5. Lo que prueban las amenazas de la OTAN y EEUU, en todo caso, no es que occidente no controle a Gadafi sino que no controla a la oposición. EEUU no invadió Iraq porque Sadam Hussein fuese fuerte sino porque era débil; era débil militar y políticamente; en ese momento se estaban produciendo fuertes presiones dentro del régimen -y negociaciones con la oposición de izquierdas en el exilio- para una reforma interna que llevase a una verdadera democratización: eso no podía permitirlo EEUU. EEUU teme a los pueblos. Y el propósito de EEUU es siempre el de impedir que sean los pueblos los que acaben con sus dictadores y tomen las riendas de su destino. Lo estamos viendo: cuanto más cerca está de caer Gadafi más aumentan las amenazas; cuanto más existe el riesgo de que el pueblo acabe con Gadafi más probable es la intervención de la OTAN.

6. Las amenazas de invasión son una apuesta segura para el imperialismo. La OTAN invade países, o amenaza con invadirlos, siempre con dos propósitos: uno impedir las luchas de los pueblos. El otro obligar a los anti-imperialistas a contraerse y apoyar dictadores que no se ajustan ni a nuestros intereses ni a nuestros principios. Aquí la manipulación de los medios coopera con éxito: cuando más malo sea Gadafi más se desprestigian los que lo apoyan. Pero nosotros no debemos caer en la trampa del simplismo binario imperialista y de sus fórmulas primitivas: si atacan a Gadafi entonces es que Gadafi es bueno; si los medios ahora manipulan abyectamente es que nada ha ocurrido en Libia y todo es un montaje de la CIA. Nos gustaría que las cosas fuesen así de sencillas y los medios hegemónicos nos sirvieran de infalible brújula invertida, pero la obligación de la izquierda, junto a la de denunciar y combatir cualquier intervención, es la de abordar la situación en toda su complejidad. La imaginación, decía Pascal, es tanto más mentirosa cuanto que no miente siempre; el imperialismo es tanto más peligroso cuanto más incoherente. Lo que no nos parece aceptable como ética revolucionaria y se nos antoja contraproducente desde el punto de vista propagandístico es esta decisión: entre un dictador que no nos acaba de gustar del todo y un pueblo que no nos acaba de convencer del todo, acabamos eligiendo, imitando en esto a los imperialistas, al amigo dictador. La trampa es perfecta y una vez hemos caído en ella: para ser antimperialistas, se nos quiere obligar a no ser comunistas.

7. Por todos los motivos ya señalados, nadie mínimamente de izquierdas puede apoyar, justificar o permanecer callado ante una intervención de EEUU. Esto hay que decirlo alto y claro. Pero no menos alto y claro hay que decir que la situación nueva del mundo árabe entraña riesgos y que habrá que escoger uno de ellos. Los riesgos son tres: una intervención de la OTAN, una victoria de Gadafi y una victoria del pueblo en armas contra él. La intervención de la OTAN entraña el riesgo mayor, pero no porque pueda derrocar a “nuestro amigo” Gadafi sino porque, aparte la catástrofe humana, impugnaría el derecho inalienable del pueblo libio a derrocarlo él mismo, amenazando al mismo tiempo a todos los pueblos hermanos de la zona. En orden descendente, el segundo mayor riesgo sería una victoria de Gadafi; a la terrible represión de su pueblo habría que añadir el efecto que eso tendría sobre la región, especialmente sobre Túnez y Egipto, países vecinos cuyos procesos de cambio se podrían ver paralizados e incluso invertidos (sin descartar, como ya ha ocurrido de hecho, una intervención más o menos directa de “nuestro amigo” dictador en ellos). El tercer riesgo es grande, muy grande, pero es el menor. Es el verdadero “mal menor”: dejar a un pueblo del que sabemos muy poco que arregle cuentas con sus gobernantes en un espacio muy abierto, muy nuevo, muy inestable, en el que, en cualquier caso, también nosotros podremos conspirar. Apoyemos a ese pueblo y conspiremos con él. El temor a los pueblos es reaccionario y de derechas y, procedente de la América Latina revolucionaria, hace llegar el mensaje de una inquietante vulnerabilidad que también podría intentar aprovechar el imperialismo. Al defenderse defendiendo a un dictador, los gobiernos emancipatorios latinoamericanos se señalan absurdamente a sí mismos y llaman la atención sobre una afinidad inexistente. Sólo podemos sentir melancolía al comprobar que el imperialismo, que teme a los pueblos, acaba invocando su nombre contra los que realmente quieren defenderlo, los cuales, por eso mismo, debilitan su posición en el mundo y en los países donde gobiernan. Los levantamientos en el mundo árabe han hecho fluctuar todas las pocas referencias que nos quedaban tras el final de la guerra fría y nos ponen en dificultades a todos. Los imperialistas están reaccionando mejor. Quizás son mas fuertes, pero también son más listos. Si fuesen además justos, serían ellos los verdaderos socialistas. Por el momento, la victoria propagandística es suya: han demostrado que los socialistas no somos ni fuertes ni listos ni justos.

8. Ojalá el pueblo libio acabe con el régimen de Gadafi antes de que la intervención de los EEUU nos obligue a defender al criminal para defender a ese pueblo que se ha alzado contra él y que no aceptará ninguna intervención extranjera que le prive de su derecho a derrocarlo.